Sophie seguía intentando descubrir cuáles de los extraños artefactos que le dio Della eran materiales del colegio cuando sonó el timbre. Dex había quedado en encontrarse con ella en Havenfield para que así no tuviera que llegar sola a Luminiscencia.
Se echó a reír cuando lo dejó pasar.
—Y yo que pensé que mi uniforme era malo.
No podía creer que tuvieran que verla vestida con una falda plisada azul, leggins negros y una camisa-chaleco con capa. El uniforme de Dex era peor. El jubón azul de cordones sobre la camisa manga larga negra y el pantalón azul con bolsillos en los tobillos no eran tan malos, pero la capa hasta la cintura lo hacía parecer como un lamentable superhéroe: ¡capitán Arándano al rescate!
—¿Qué hay con las capas? —le preguntó a Dex.
—Lo sé, son estúpidas, ¿verdad? Pero son signo de estatus, así que tenemos que usarlas.
—¿Las capas?
—Síp, ¿no has notado que solo la nobleza las usa? Luminiscencia es el único colegio noble, lo que significa que tienes que asistir allí para poder entrar en la nobleza, así que usamos medias capas para representar eso. Al menos el próximo año nos deshacemos del débil alción —Señaló el ave enjoyada que abrochaba la capa contra su cuello—. Seremos mastodontes.
Dex se rió al ver su expresión confundida.
—Cada curso tiene una mascota. La de segundo es el alción, esas tontas aves que pueden sentir cuando viene una tormenta. Pero la de tercero es un mastodonte, así que durante la ceremonia de entrada del primer día de clases usaremos esos geniales disfraces de elefante. Alégrate que no tuviste que usar el disfraz de alción. Parecíamos idiotas.
Disfrazarse como elefante no sonaba tan atractivo como él parecía pensar, pero ya se preocuparía por eso el año entrante. Asumiendo que le permitieran quedarse en Luminiscencia.
Un problema a la vez, se recordó a sí misma.
—Oye, estas usando el escudo de los Ruewen —dijo Dex señalando el parche con forma triangular cosido en la capa, a la altura de su corazón: un águila escarlata volando con una rosa blanca en sus garras. El parche de Dex era cuadrado y lucía como un montón de utensilios de química enrollados en un árbol—. Llevamos los escudos familiares en nuestros uniformes. Si Grady y Edaline te dejan usar el de ellos, deben ir en serio. ¿Te van a adoptar?
—No lo sé —Nunca había pensado sobre la adopción. Aún se estaba acostumbrando a la idea de ser huérfana.
¿Y si ellos no querían adoptarla?
Todo en su vida era demasiado temporal. Su inscripción en Luminiscencia. Su casa. Sentía que en cualquier momento le podrían arrebatar todo.
—¿De todas formas dónde están? —preguntó Dex mirando los alrededores.
—Un gnomo entró corriendo durante el desayuno y gritó algo sobre una mantícora picando a un estegosaurio, y ambos salieron corriendo.
—Y la gente dice que mis padres son raros.
—Por aquí todo es bastante loco, pero parecen muy agradables.
—¿Grady y Edaline? Oh sí, son geniales. Son muy reservados por lo que sucedió con Jolie. No los conocía antes de que eso sucediera, pero mi mamá dice que solían dar grandes fiestas y que todos las esperaban ansiosos durante todo el año. Ahora casi nunca salen de la casa. Es tan extraño.
Sophie se encogió de hombros.
—Muchas personas nunca vuelven a ser las mismas luego de que un ser querido muere.
—¿En serio?
—Sí —Comenzó a preguntarle porque parecía tan sorprendido, pero entonces recordó lo que Alden le había dicho sobre la duración de vida de los elfos. La muerte de seguro era algo raro en este mundo. Lo que debía ser aún más duro para los pocos elfos que tenían que lidiar con ella.
—Mi mamá cree que será bueno para ellos tenerte por aquí —le dijo Dex—. Tal vez lo superen.
Sophie no estaba segura si alguna vez lo superarían, pero sus palabras calmaron el pánico que tenía. Si era buena para ellos, quizá querrían quedarse con ella. Después de todo entendía cómo se sentían, incluso más que la mayoría de elfos.
—¡Ey!, espera un minuto —dijo Sophie frunciendo el ceño—. ¿Cómo sabes sobre la adopción? No creo que tengan muchos huérfanos por aquí.
—No los tenemos —concedió Dex—, pero hace algunos años tuvimos un gran drama. La madre de un chico llamado Wylie, cuyo papá fue exiliado, murió. Creo que algo rompió su concentración mientras estaba saltando y se desvaneció. No sé mucho sobre eso, solo que el señor Tiergan lo adoptó y se retiró de Luminiscencia.
—¿El señor Tiergan? ¿El mentor de telepatía?
—Sí. Espera, ¿cómo sabes de él?
—Am, Alden lo mencionó —murmuró intentando reparar su desliz. Había olvidado fingir no tener conexión alguna con Tiergan.
—Oh sí, él odia a Alden. Lo culpa por el exilio del papá de Wylie o algo así, aunque puedo estar recordándolo mal ya que Wylie es varios años mayor que yo y nunca lo he conocido. ¿Lista para irnos?
Sophie se cruzó el bolso sobre el hombro.
—Sip. ¿Cómo llegamos allá?
Dex la guío hasta la cúpula y señaló los cientos de cristales que colgaban en la araña redonda del techo.
—La Unidad de Salto 500. Tienes suerte. Mis padres no son de la nobleza, así que solo están autorizados a usar la 250, le falta un montón de lugares geniales. ¡Luminiscencia! —gritó.
Los cristales giraron hasta que uno descendió proyectando un rayo de luz hacia el piso.
—¿Lista? —le preguntó Dex.
No lo estaba. Aun así, se obligó a sonreír, respiró profundo y dejó que la sensación de cálidas plumas la atravesara y llevara hacia su primer día en Luminiscencia.
—¿Eso es un colegio? —preguntó Sophie intentando darle sentido a la estrambótica estructura frente a ellos.
Una pirámide de cristal de cinco pisos se alzaba sobre todo el lugar desde el centro del amplio patio de piedra. El edificio principal estaba envuelto alrededor de la pirámide en una angulosa U y estaba totalmente hecho de vitrales. Seis torres —cada una de diferente color— separaban las secciones del edificio y una séptima torre —otra Unidad de Salto— se erguía en el centro más alta que las demás.
s más pequeños, todos construidos con las mismas piedras resplandecientes del castillo que Fitz le había mostrado en Lumenaria. A la derecha dos torres gigantes, una dorada y otra plateada, se retorcían entre sí. Todo ello combinado con los extensos campos de pasto morado hacía que el lugar se asimilara más a una pequeña ciudad que a una escuela. Intentó no imaginarse cuan perdida iba a estar.
Dex la guio hacía el primer piso de la pirámide de cristal, el cual estaba repleto de prodigios con uniformes del mismo color de las seis torres. Su esperanza de encontrar a Fitz se desvaneció cuando vio el caos a su alrededor, por lo que se escondió detrás de él esperando que nadie la notara.
—¿Qué hacemos aquí? —le susurró a Dex inclinándose hacia él para hablarle.
—Todas las mañanas se comienza con orientación. No es la gran cosa, dama Alina, nuestra directora, solo lee algunos anuncios mientras pasan lista.
—¿Cómo pueden pasar lista con tanta gente?
Dex sacó el collar de registro que llevaba bajo el cuello del jubón.
—Usan esto para rastrearnos.
Miles de campanas emitieron un intrigado repique y todos volvieron su atención hacia la pared del fondo, la cual mostraba en esos momentos un acercamiento de dama Alina, una deslumbrante belleza con piel de porcelana y rasgos delicados.
Dama Alina pasó una mano por su acaramelado cabello, peinándolo y apretó los labios.
—Buenos días, prodigios. Primero que todo, el que sea que puso una varita fétida en mi escritorio durante el fin de semana será... ¡No es gracioso! —gritó enojada cuando todos estallaron en carcajadas. Entrecerró los ojos—. Recuerden lo que les digo: quienquiera que fue será castigado con todo el peso de mis capacidades.
Dejó que la amenaza se cerniera sobre ellos por un momento antes de continuar.
—La semana pasada hubo catorce prodigios que detectaron sus habilidades especiales, un nuevo récord —Aplaudió y todos la imitaron—. Por último, pero no menos importante… ¿dónde está?... ¡Ah! ¡Allí!
Un foco iluminó a Sophie.
—Todos denle la bienvenida, por favor, a Sophie Foster, una prodigio de segundo que está iniciando su primer día en Luminiscencia.
Todos se giraron para verla. Su nombre se escuchó como un siseo por toda la habitación igual que en un nido de víboras.
—Ssssssophie.
Dama Alina se aclaró la garganta.
—¿Así es como le damos la bienvenida a alguien?
El lugar quedó en silencio por unos segundos antes que todos aplaudieran. Sophie buscó con la mirada un hueco para esconderse.
—Eso está mejor —dijo dama Alina—. Con eso, concluimos con los anuncios de hoy. ¡Qué tengan un maravilloso día!
Una vez más todos aplaudieron mientras ella sonreía ampliamente y desaparecía de la pantalla. Fue entonces cuando todas las miradas se volvieron hacia Sophie y los susurros comenzaron de nuevo.
—Sácame de aquí —le suplicó a Dex.
Él se rió y la guio hacia la salida más cercana.
—No puedo creer que eso acaba de suceder.
—No es la gran cosa.
—Tuvo que obligarlos a aplaudir, Dex —Se tapó la cara con las manos.
—Solo estaban sorprendidos. Nunca tuvimos un prodigio que comenzara a mitad de año.
Sophie gimió. ¿Por qué tenía que ser la excepción para todo?
—Relájate, estarás bien. Vamos.
La condujo por el edificio principal, el cual estaba dividido en seis alas diferentes debido a las torres, un ala por cada curso. Las paredes en la sección de segundo eran del mismo azul que el de su uniforme, y los estandartes tenían un alción levantándose en vuelo.
Dex giró por tantos pasillos que perdió la cuenta, y para cuando entraron a un enorme patio interno rectangular con brillantes árboles de cristal esparcidos por la habitación, estaba más que confundida. En el centro una estatua de alción brillaba como si estuviera esculpida en zafiros en vez de piedra. Varios prodigios hablaban entre ellos mientras guardaban sus libros y materiales en las estrechas puertas que revestían las paredes, sin embargo, todos se callaron cuando la notaron.
—De acuerdo, este es el atrio —le explicó Dex haciendo caso omiso al espectáculo que estaban dando. Revisó el horario de Sophie y la guío hacia la pared del fondo, a una puerta marcada con una runa que ella no podía leer—. Este es tu casillero. ¿Ves esa tira plateada? —preguntó señalando un reluciente rectángulo debajo del símbolo—. Lámela, la cerradura funciona con tu ADN.
—Eso es asqueroso.
—Sabe bien.
Sophie lo dudaba, pero como podía sentir las miradas de todos sobre ella, lamió el rectángulo plateado.
—¿Dulce de malva?
—La facultad escoge los sabores, todos los días son diferentes, Pero ten cuidado con las elecciones de Elwin, la semana pasada fue pimienta; hizo que todos estornudáramos como locos.
El casillero de Dex quedaba dos puertas más abajo del suyp, y cuando lo abrió se escuchó un sonoro croac croac. Dex gritó y lo cerró de golpe, sin embargo, toda la habitación se llenó del hedor a huevos podridos mezclado con aliento matutino y un toque de pañales sucios.
—¡Metió una almízclana en mi casillero! —gritó.
Una aguda risilla jadeante se escuchó detrás de ellos.
Ambos se giraron quedando frente a una alta chica que se erguía sobre ellos como un enorme insecto escuálido. Su cabeza estaba cubierta con una maraña de encrespados rizos cafés, por lo que a Sophie le tomó un momento reconocerla como la chica calva de Sorbos y Eructos. Dos chicas estaban junto a ella carcajeándose como brujas malvadas.
—¿Cómo accediste a mi casillero? —demandó Dex acercándose a Stina. Su cabeza a duras penas llegaba a los hombros de la chica.
—Lo dejaste abierto, idiota. Supongo que es demasiado duro para el hijo de un mal emparejamiento recordar cerrar las puertas.
Dex rechinó los dientes. Pero luego su mirada se iluminó y señaló la hilera de pelos desaliñados que tenía en su barbilla.
—Bonita barba la que te estas dejando crecer. Espero que sepas afeitarte.
Stina tocó su barbilla y chilló, luego agarró a Dex por el cuello de su camisa.
—Tú pequeño...
—¡Es suficiente, señorita Heks! —ordenó una delgada mujer ataviada con un vestido azul oscuro y una capa mientras cruzaba la pared y los separaba—. ¿Qué está sucediendo aquí? ¿Y qué rayos es ese olor?
—¡Stina colocó una almízclana en mi casillero! —le dijo Dex.
—¡Ayer él añadió suero de la calvicie en mi jugo de baya jugosa! —replicó Stina.
La mujer negó con la cabeza sacudiendo su largo cabello azabache por su espalda.
—¿Qué clase de comportamiento es ese? Y frente a nuestra nueva prodigio —Sus ojos almendrados se fijaron en Sophie—. Lamento que tuvieras que ver esto, querida.
—Acabas de traspasar la pared —Fue todo lo que pudo decir.
—A veces los faceticos hacen eso—Volvió de nuevo su atención hacia Dex y Stina—. Deberían estar avergonzados ustedes dos. Discúlpense.
Dex frunció el ceño. Stina lo fulminó con la mirada, pero ambos murmuraron:
—Lo siento.
—Es evidente que ambos necesitan tiempo para llevarse bien, así que pueden pasar toda la semana en detención juntos.
—Pero, lady Alexine…
—No quiero oír ni una palabra. Dex saca de ahí esa almízclana antes de que apeste todo el lugar. ¿Y, Stina? Parece que tienes unos pelos extraños en tu barbilla, deberías hacer que Elwin los revise.
Dex se desternilló de la risa y Stina se puso roja como una remolacha. Se tapó la barba con una mano y se marchó dando grandes zancadas, seguida por sus secuaces. Lady Alexine cruzó el atrio y desapareció a través de la pared del fondo.
—¿Ves lo que quería decir? —preguntó Dex mientras pateaba su casillero—. Es mala.
Sophie asintió.
—¿Qué es con exactitud una almízclana?
—Es una especia de rana, pero cuando está asustada eructa un gas apestoso. Así que será mejor que te alejes de aquí a menos que quieras oler como el gas de la almízclana todo el día.
No tenía que decírselo dos veces. Ya era la extraña chica nueva, no necesitaba ser la apestosa y extraña chica nueva.
—¡Ey! Eres la prodigio que mencionó dama Alina, ¿verdad?, ¿la novata? —le preguntó un chico bajito cuando la alcanzó mientras caminaba por el pasillo. Era varios centímetros más bajo que ella, tenía cabello café desordenado y un rostro muy redondo.
—Sophie —lo corrigió.
—Soy Jensi… ¡Guau! Tienes ojos muy raros... Genial. Cómo sea, todos quieren hablar contigo, pero les da miedo, así que decidí enseñarles cómo se hace.
—Ah… gracias —respondió Sophie, intentando seguir el hilo de su rápida forma de hablar. El chico hablaba como si hubiera desayunado baldados de azúcar.
—¡Ven, les dije que sería simpática! —gritó haciendo que varios chicos a su alrededor se sonrojaran. Las mejillas de Sophie seguramente estaban más coloradas que las de ellos.
—Nunca oí hablar de ti, y yo conozco a casi todos, así que ¿dónde estuviste todo este tiempo? —le preguntó Jensi.
Había esperado que nadie fuera a preguntarle eso. Alden le había dicho que fuera honesta.
—Estaba viviendo con humanos —susurró.
—¡Humanos!
Todos guardaron silencio. Sophie logró asentir.
—Bueno… eso es raro, pero genial. Te llamaremos la «Chica humana». ¡Será increíble!
Sophie se encogió.
—¿Qué tal solo «Sophie»?
—Si es lo que quieres.
—Gracias —Llegaron a una bifurcación y cogió hacia la derecha por capricho.
Jensi la siguió.
—¿A dónde vamos?
—A elementalismo —No se le pasó por alto el hecho de que Jensi se refirió a «nosotros».
Él se rió.
—¡Hombre! Vas por el camino equivocado. Vamos, te llevaré allí.
Una parte de ella quería alejarse corriendo del humillante chico que llamaba mucho la atención sobre ella, pero necesitaba ayuda así qué se tragó su orgullo.
Retrocedieron, girando y volteando por tantos pasillos que tuvo que admitir que nunca hubiera podido encontrar el camino sin su ayuda. Por fin, llegaron a un estrecho pasillo que olía a lluvia justo antes de que las primeras gotas cayeran.
Jensi señaló la retorcida puerta de madera.
—Tu clase es ahí. ¡Oh! Y ten cuidado. Odiaría que te electrocutaran en tu primer día.
—Está bien. ¡Espera! —añadió cuando asimiló sus palabras—. ¿Qué quieres decir con «electrocutar»?
Él ya se había ido. Miró fijamente la puerta preguntándose si estaba bromeando. Eso era un colegio. No permitirían que hubiera algo peligroso cerca de los estudiantes, ¿verdad?
Respiró profundo para calmar los nervios, enderezó los hombros y empujó la puerta. Un fuerte trueno sacudió el suelo y un rayo salió disparado del techo derribándola.
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